¿En qué momento nos hicieron creer que había emociones “malas”?
- psicovalorados
- 2 sept
- 1 Min. de lectura
Muchas veces sentimos la presión de enseñar a nuestros hijos a “portarse bien”, a no llorar, a no enojarse o a no tener miedo. Sin darnos cuenta, transmitimos el mensaje solo está bien, mostrar alegría, amor o entusiasmo… lo demás debe esconderse.
¿Te has detenido a pensar qué ocurre cuando un niño aprende que su tristeza “molesta”, que su enojo “es malo” o que su miedo “es de débiles”?
Lo que ocurre es que comienza a desconectarse de lo que siente y aprende a reprimirlo
El miedo se disfraza de ansiedad
El enojo se convierte en explosiones de ira.
La tristeza profunda se transforma en depresión.
Todos solemos creer que al proteger a nuestros hijos de las emociones difíciles los estamos ayudando, pero las emociones no desaparecen, se esconden en el inconsciente y desde allí siguen actuando.
No debemos ocultar nuestros sentimientos, debemos aprender a reconocerlos, expresarlos y comprenderlos sin juicio. no existen emociones “malas”, todas tienen un propósito:
El miedo protege.
El enojo marca límites.
La tristeza permite soltar y sanar.
Y la alegría nos recuerda disfrutar el camino.
La salud emocional empieza en casa, cuando nos damos permiso de ser auténticos. Y eso comienza con el ejemplo: si nosotros nos atrevemos a sentir, ellos aprenderán que sentir también es seguro.
🌟
Cuando tu hijo vea que no tienes miedo de llorar, de reconocer tu enojo o de hablar de tus miedos, aprenderá que ser humano es un acto de valentía.
Ese será el mayor legado que podrás dejarle: la libertad de ser él mismo, completo, con todas sus emociones y con todo su corazón.




